Pan & Pasteles

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Hace 6 mil años los egipcios observaron el proceso de fermentar una pasta hecha con harina de trigo y descubrieron que era posible hace una pasta comestible: el pan. Documentos comprueban que en el siglo 3 a.C., los griegos poseían alrededor de 72 recetas de pan. Como era muy fácil de preparar, luego creció la demanda y el pan fue uno de los principales alimentos para la población en general, así como era ofrecido a los dioses en rituales antiguos.

El éxito del producto siguió aun después de la caída del Imperio Romano y se extendió para los burgos medievales. La profesión de panadero, en aquel entonces, era un proceso difícil que exigía años de aprendizaje y representaba una forma de status profesional.

En períodos de hambre, la clave del granero era sinónimo de prestigio y poder. Hay muchas leyendas sobre ciudades sitiadas que se salvaron por gracia de quienes lograban cocinar el pan. Santa Isabel, reina portuguesa que repartía el pan a los pobres en el siglo XII hoy es la patrona de los panaderos.

Igualmente, no hay quien no conozca la historia de la reina María Antonieta y su insensibilidad, en vísperas de la Revolución Francesa, en el siglo XVIII. Leyenda o realidad, se cuenta que la reina, acostumbrada a panes y pasteles de todos tipos, no entendió la agonía del pueblo hambriento que clamaba por pan y que luego después invadiría el Palacio de Versalles. “Que coman pasteles”, habría dicho la reina, despertando la furia de los parisinos, quienes más tarde la llevarían a la guillotina. Podría haber dicho también “que coman croissant” (medialunas), ya que ese tipo de pan, aunque sea un símbolo francés, era originalmente austríaco, como María Antonieta, casada con el rey francés.

En Brasil, el pan llegó de Portugal a la ciudad de Río de Janeiro con la familia real, en el siglo XIX; los profesionales portugueses de panadería intentaron hacer la baguette francesa más pequeña y así crearon el “pan francés”.

A los reyes portugueses les encantaba la iguaria y así trajeron para la entonces capital del reino tanto la harina como la receta y los propios panaderos. Con el tiempo, el pan fue adaptándose y generando nombres propios y características del lugar, como cacetinho, bisnaguinha, pan de sal, carioquinha, pan d’agua y otros más.

El pan de miga aparece en 1928, con la máquina de cortar el pan en rebanadas, una creación de Otto Rohwedeer.

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